2 de agosto de 2017

El psicoanálisis y lo que empuja a las mujeres, por Pepa Freiría


 Ilustración de Miriam Lanzaco


Para el psicoanálisis, la sexualidad femenina ha sido la cábala mayor que lo ha hecho progresar. Se podría decir que el descubrimiento del inconsciente y el psicoanálisis mismo tiene que ver con la pregunta: ¿Qué es una mujer? Pregunta que nunca dejó de sacudir a Sigmund Freud.

Y esto es así porque la diferencia sexual anatómica es insuficiente como cierre de una pregunta que se impone comprometiendo los cuerpos.
 

Ataduras y estereotipos asumidos de la mujer

Aquello que sacude a las mujeres. Lo que las agita y las empuja a atravesar los muros y las pantallas de cuentos de hadas y de brujas. Aquello que las incita a quitarse los velos que se les imponen para ocultarlas. Aquello que hay en ellas que produce inquietud, angustia, incluso horror. Lo que las hace disconformes y raras a los ojos de los que aún las quieren solo madres y esposas. Lo que sacude a las mujeres, dice Jacques Lacan, es también lo que las socorre.

Aquello que empujó a Marguerite Duras, con 15 años, a los brazos de “su amante amarillo”, fue también lo que la empujó a la escritura. Eso se puede percibir al leer sus novelas hechas de sí misma. Estas nos permiten transitar por fuera de los caminos trillados y respirar atmósferas que tocan la experiencia más íntima.

La condición femenina se impone sobre los cuerpos a porfía del sentido, siempre ha sido así. Hoy más que nunca podemos verificar, en las sociedades más igualitarias, que las formas de rechazo a la feminidad toman otras formas, pero no se desactivan. Y que las mujeres continúan respondiendo como si dudaran de esos derechos. Como si no pudieran dejar de cobrar su mayor sentido a través de la relación con los hombres. De un modo desigual, “como ecos de voces masculinas, sombras de otros cuerpos”, en palabras de Eduardo Galiano.

La igualdad de las mujeres

La igualdad de derechos, fruto de una lucha incansable por parte de las mujeres y de algunos hombres, nos facilita la vida porque amplia enormemente el marco de las posibilidades de elección. Pero no parece intervenir en el plano del goce de los cuerpos. Aquí, las diferencias que se juegan pueden llegar a socavar esos mismos derechos logrados, encerrando a las mujeres en prisiones ahora más claramente imaginarias, incontables veces en nombre del amor.


Muchas mujeres consultan a un psicoanalista al darse cuenta de que las palabras no alcanzan para explicarse a una misma por qué. Por qué no puede dejar de repetir funcionamientos que no le gustan y que le hacen sufrir. Sobre todo cuando no parece haber nada en su exterior que se lo esté imponiendo, cuando ya no hay una realidad social tan rígida que lo justifique.

Por qué no puede dejar de sentirse culpable ella frente a un maltrato de su pareja. Por qué no puede dejar de pedirle a él las respuestas a sus preguntas. Por qué no puede parar de dejar caer sus propios deseos para sostener los de los otros (pareja, hijos). Por qué rechaza a su hija adolescente si antes le parecía una niña encantadora. Por qué no puede soltarse de sus trabajos forzados de orden y limpieza, y hacerse una vida más vivible, si tiene los recursos y la libertad para hacerlo. O por qué todo en su vida parece funcionar de maravilla y, sin embargo, el malestar subjetivo es insoportable.

“Con todo el perdón de la palabra, soy un misterio para mí”, escribió Clarice Lispector. Ella buscó probablemente la sublimación por la escritura, a través del testimonio de su experiencia más propia.

Un misterio es una opacidad, algo que llama al desvelamiento, que eventualmente puede tomar forma de un enigma a descifrar. Son esas opacidades, que se enmarcan con las preguntas mejor formuladas, los productos de más valor para una mujer. Porque es a través de ellas que cada mujer puede explorar sus posibilidades de invención.

Pero esas posibilidades de invención vienen determinadas. Están anudadas a lo que ya está inscrito como modalidad de goce del cuerpo en cada cual. Es de lo que da cuenta la repetición que viene a pesar de la voluntad o el fracaso de los intentos de sublimación.

 

El psicoanálisis lacaniano

Para el psicoanálisis lacaniano, el objetivo es depurar al máximo esos modos de respuesta instaurados. Y luego desactivarlos como únicas respuestas posibles, abriendo la posibilidad a respuestas inéditas.

Digamos que lo que empuja a las mujeres, a través de la experiencia analítica, puede encauzarse para que empuje hacia un más allá de lo que a cada una le condiciona su modo de ser mujer.

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